Museos vivos » Recorrido 3 http://museosvivos.educ.ar Una propuesta para descubrir historias y personajes a través de recorridos por el patrimonio de estas tres instituciones, con videos a cargo de especialistas y actividades para trabajar con los contenidos en el aula. Thu, 31 Mar 2011 18:24:43 +0000 en hourly 1 http://wordpress.org/?v=3.1.2 Créditos http://museosvivos.educ.ar/?p=1126 http://museosvivos.educ.ar/?p=1126#comments Thu, 15 Jul 2010 17:43:01 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1126 Museo Nacional de Bellas Artes

Director Ejecutivo: Guillermo Alonso.

Área de Extensión Educativa del MNBA: Mabel Mayol (a/c), Silvana Varela, Marina Bertonassi, Susana García, Marcela Reich, Mercedes Pugliese, Gisela Witten, Gustavo Ludueña, Alejandro Benard.

Coordinación general: Silvana Varela.

Elaboración de recorridos y selección de obras: Silvana Varela y Patricia Corsani.

Textos: Patricia  Corsani, Silvana Varela, Mabel Mayol y Marina Bertonassi.

Fotografía MNBA: Horacio Mosquera (a/c), Miguel Bustos y Matías Iesari.

Asistencia documental: Gisela Witten.

Edición educ.ar: Cristina Viturro.

 

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El palco http://museosvivos.educ.ar/?p=1122 http://museosvivos.educ.ar/?p=1122#comments Thu, 15 Jul 2010 17:41:06 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1122 Carlos Gorriarena (1925-2007) reconoce como sus maestros a Lucio Fontana (1899-1968), a Antonio Berni (de quienes fue alumno en la Escuela Nacional de Bellas Artes) y a Demetrio Urruchúa (1902-1978).

A través de su obra Gorriarena parece reflexionar sobre la sociedad contemporánea y las relaciones con el poder político y el económico.

Su lenguaje artístico, a través del cual expresa una mirada crítica sobre la realidad, se construye con una paleta de colores intensos, empastados, sobre soportes de grandes dimensiones. Se podría señalar que colores, materia y superficie interactúan para acentuar el carácter expresivo de sus figuras.

El crítico Raúl Santana señala: “Al captar los personajes que hacen a los acontecimientos, podríamos decir que comienza a retratar un real espeso: magnates, hombres de empresa, déspotas, gángsters, grandes políticos y grandes figuras internacionales, sorprendidos en gestos y en tics, siempre atrapados fragmentariamente, rebatiendo violentamente hacia los límites del papel, como si una gigantesca lupa los hubiera traído hacia adelante fuera del espacio del soporte. Estas obras testimonian esa realidad en la que el individuo ya no puede reconocerse en ningún lugar como ‘humano’. En ellos, solo es posible reconocer la brutalidad y la violencia social.”[1]

El palco es una clara referencia al palco oficial, ocupado por cinco personajes de gestos y posturas estereotipadas, acordes a un acto gubernamental. Por su fragmentación y punto de vista, el encuadre remite a las imágenes periodísticas, fuente de inspiración en varias de sus obras.


[1] Santana, Raúl, Catálogo Carlos Gorriarena en el Museo Nacional de Bellas Artes, 1982, p. 46.

El formato de la obra que se muestra en esta pantalla no es el original ya que ha sido modificado por necesidades de diseño.

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Gustavo Marrone en su atelier http://museosvivos.educ.ar/?p=1117 http://museosvivos.educ.ar/?p=1117#comments Thu, 15 Jul 2010 15:53:47 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1117 “… que la gente se sienta parte, ese es mi mayor deseo (…)”: la intención que expresa Marcia Schvartz (1955) se concreta cuando vemos esta imagen de su amigo (también pintor) Gustavo Marrone en su atelier, que convoca y provoca al espectador, que no puede pasar indiferente.

La aparente comodidad de la postura de Marrone (el cuerpo reclinado, las manos sobre los apoyabrazos de un sillón individual) contrasta con su pose en un inquietante primer plano y la gran tensión de la musculatura, especialmente en el rostro, que se condensa en los ojos. Un fondo que insinúa sutilmente el espacio de un taller con pinturas del artista enmarca la escena íntima.

La pintura pertenece al período en el que la artista vivió en el barrio del Abasto, al regreso de su exilio en Barcelona entre 1976 y 1983. Además de obras en las que manifestó su intensa conexión con ese lugar de Buenos Aires, sus patios, sus vecinos, los camiones y los colectivos, en ese tiempo realizó retratos de amigos. Incluyó a los “de antes” del exilio, con quienes se había reencontrado, y a los nuevos, muchos de ellos vinculados con el circuito de la noche de Buenos Aires, en el que la artista participó realizando vestuarios, escenografías y máscaras para grupos de teatro under.

En sus obras de los años ochenta, Schvartz logró conjugar con madurez las diversas líneas de su formación en los talleres de Ricardo Carreira (1942-1993), Aída Carballo (1916-1985), Jorge Demirjian (1932) y Luis Felipe Noé. Su lenguaje plástico y su propuesta artística se incorporaron definitivamente en la tradición local de una figuración crítica que incluye, entre otros, a Lino E. Spilimbergo, Antonio Berni, Carlos Alonso y Pablo Suárez (1937-2006). Sobre sus retratos, Laura Malosetti Costa (en Marcia Schvartz. Joven pintora, Catálogo exposición en el Museo Eduardo Sívori, Buenos Aires, septiembre a octubre de 2006) escribió: “… algunos de los retratos pintados en esos años ochenta se erigen hoy como efigies –con algo de glamour decadente–, de un breve resplandor nocturno, descaradamente guarango, transgresor y creativo. Son retratos que desafían la muerte y el tiempo. Imponen con su presencia otra vez un destello de la locura del café Einstein, la noche del Parakultural y de Cemento”.

El formato de la obra que se muestra en esta pantalla no es el original, ya que ha sido modificado por necesidades de diseño.

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El día de la primera comunión http://museosvivos.educ.ar/?p=1113 http://museosvivos.educ.ar/?p=1113#comments Thu, 15 Jul 2010 15:50:30 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1113 Juan Pablo Renzi (1940-1992) fue protagonista de las vanguardias estéticas y políticas de fines de los años sesenta y una figura activa en la organización de Tucumán Arde, una obra colectiva de carácter político presentada en 1968 en Rosario y luego en Buenos Aires, con utilización de la calle como soporte para sus mensajes críticos. Algunos de los postulados de aquella propuesta fueron la oposición al Operativo Tucumán, ordenado por la dictadura de Juan Carlos Onganía, el apoyo a los trabajadores de los ingenios de la mencionada provincia norteña y la rebeldía contra el arte burgués.

Luego de abandonar la actividad plástica, hasta mediados de los setenta, el artista se volcó a un realismo intimista en el que se incluye El día de la primera comunión, obra en la que Renzi se autorretrató recurriendo a la mediación de una imagen fotográfica: la de su primera comunión, vestido con el traje blanco habitual de los años cincuenta. En un segundo plano, en una duplicación que implica el recuerdo de la reunión, se presenta en el grupo familiar reflejado en el espejo. En el último plano, a través de una ventana parcialmente velada por cortinas, se vislumbra un fragmento del espacio exterior.

Encierro, planos sobre planos, reflejos, segmentaciones, desdoblamientos, todas son marcas que remiten a la experiencia escindida durante la última dictadura militar (1976-1983): el alejamiento de prácticas revolucionarias y la reclusión en la intimidad de la memoria. “La práctica de mis ideas en este momento es mi pintura”, señaló en aquellos años. El artista se remontó al pasado personal en búsqueda de los elementos que lo formaron y que conformaron una generación. Se propuso además la relectura de su propia biografía como punto de partida para la reflexión sobre la historia reciente del país. Así, sostuvo: “La realidad que a mí me importa, y para la cual hago una pintura que creo es crítica, es, por ejemplo, el día de mi primera comunión rodeado por toda la familia; tomo escenas del pasado y coloco objetos que son entre recordados e inventados pero que de alguna manera se van conformando como símbolos de una determinada clase, en este caso la clase media”.

El formato de la obra que se muestra en esta pantalla no es el original ya que ha sido modificado por necesidades de diseño.

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L.E.S. http://museosvivos.educ.ar/?p=1108 http://museosvivos.educ.ar/?p=1108#comments Thu, 15 Jul 2010 15:45:06 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1108 Carlos Alonso (1929) retiene en esta obra los últimos años del maestro Lino Enea Spilimbergo (1896-1964), cuando el artista estaba solo y enfermo. La línea y el color transgreden la apariencia de lo real a través de distorsiones y exageraciones formales. La superficie y la pureza del medio pictórico tradicional están alterados por la inclusión de objetos extrapictóricos: la venda que alude a las heridas, el cotín de colchón, que hace referencia a la cama. A través de ellos, Alonso nos acerca enfáticamente a la realidad representada.

La obra forma parte de toda una serie de retratos donde el artista parece homenajear a Lino Enea Spilimbergo y también a la pintura: recordemos que en esos años se había decretado “la muerte de la pintura”, y otras prácticas artísticas como el happening se proponían como alternativas expresivas acordes a los nuevos tiempos. Cuando algunos artistas habían presionado sobre los límites de la pintura hasta negarla, Carlos Alonso la recupera proponiendo una reflexión sobre el oficio y sobre su maestro.

El formato de la obra que se muestra en esta pantalla no es el original ya que ha sido modificado por necesidades de diseño.

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Introducción a la esperanza http://museosvivos.educ.ar/?p=1104 http://museosvivos.educ.ar/?p=1104#comments Thu, 15 Jul 2010 15:43:16 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1104 En 1962 Luis Felipe Noé (1933) fue testigo del golpe de Estado que puso fin al gobierno de Arturo Frondizi, y de los enfrentamientos de los movimientos militares de azules y colorados. Introducción a la esperanza, obra que recibió el Premio Nacional Di Tella en 1963, marca su compromiso con la realidad política y social del momento.

La obra presenta al espectador distintos registros de lectura, unidos y opuestos a la vez. Una muchedumbre anónima se agolpa en el espacio de un gran lienzo, y los negros, grises y blancos acentúan la dramaticidad de los rostros deformados y, a su vez los unifica en una masa anónima. En medio del conjunto de cabezas, trabajadas con gruesos empastes, emerge un pequeño caballo de juguete que irrumpe en la lectura uniforme del primer plano. Una mirada atenta puede descubrir que las patas del caballo, aparentemente fragmentadas, se completan con trazos negros, mientras el jinete pintado, cuya cabeza es un recorte, levanta sus brazos acompañando el gesto brioso del animal.

El concepto de caos (entendido como negación de normas compositivas) rompe las convenciones de un cuadro que se expande hacia adelante y arriba. Así, los límites tradicionales del soporte están desbordados por la presencia de otras telas que, a modo de pancartas, se suman a la manifestación. Los manifestantes parecen alzar consignas dispares: palabras y figuras de gruesos empastes aluden a personajes y a eslóganes políticos, religiosos, sociales y populares: Perón, Frondizi, Boca Juniors campeón y la invitación de la Escuela Científica Basilio para escuchar a Cristo en el Luna Park… Impulsados por el título esperanzado frente a una realidad de confrontaciones y divisiones, esta idealizada manifestación encauza la expresión de un anhelo de unidad imaginaria.

Luis Felipe Noé fue uno de los fundadores del grupo La Otra Figuración, en 1962, junto a Ernesto Deira (1928-1986), Rómulo Macció (1931) y Jorge de la Vega (1930-1971).

El formato de la obra que se muestra en esta pantalla no es el original ya que ha sido modificado por necesidades de diseño.

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Juanito Laguna aprende a leer http://museosvivos.educ.ar/?p=1100 http://museosvivos.educ.ar/?p=1100#comments Thu, 15 Jul 2010 15:40:20 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1100 A fines de los años 50, Antonio Berni (1905-1981) crea el personaje de Juanito Laguna en dibujos y xilografías. Esta obra que elegimos es uno de los primeros óleos referidos al tema. Juanito representa a cualquier niño que vive en una villa miseria y su rostro varía en cada imagen. Juanito, individualizado en esta obra por su gorra blanca, aprende a leer en la precariedad de una pobreza extrema, cuya sordidez se manifiesta en la tonalidad y el empaste generoso. La superficie, con textura opaca y rugosa, presenta uniones y áreas trabajadas con sogas a manera de aparentes remiendos. Otros dos niños sentados en el suelo comparten la lección de lectura; la ropa de todos ellos, de tonos oscuros, exacerba la sordidez de cuerpos demacrados por el hambre. La “maestra”, de pie, muestra frontalmente su humilde atuendo colorido y un rostro que la destaca, como alguien que apenas sabe un poco más y anhela transmitirlo. Para Berni, estas son las condiciones en que aprenden los “Juanitos” que no tienen aula, pizarrones ni bancos; sin embargo, el artista aún conserva cierta dignidad del personaje, que se manifiesta en otras obras de la serie: es un chico que tiene familia, que cuida a sus hermanos, que se reúne para Navidad o le lleva la comida a su padre que trabaja en una fábrica. Mientras tanto, él busca en la basura sus juguetes y mira desde la realidad de su país subdesarrollado al cosmonauta que desde su nave espacial lo saluda.

Para Berni, el collage no es solo una cuestión estética, sino que al incorporar elementos propios del basural denuncia los despojos de la sociedad que margina a Juanito. Al dejarnos ver la marca en las latas abolladas de cera o de pintura, recalca la ausencia de pisos de madera para lustrar o paredes recién pintadas en su vivienda. En palabras de Berni, Juanito “entró a mi narración simplemente a causa de mi deseo de buscar y registrar la realidad viva y característica de los países subdesarrollados, y de testimoniar sobre la terrible apropiación del neocolonialismo, con la pobreza y el retardo económico que implica, con respecto a poblaciones animadas por una voluntad encarnizada de progreso, de trabajo y de lucha.”[1]

Una lectura política de la obra permite comprender cabalmente el enlace entre la imagen, como exponente de la ideología del artista, y la realidad que se pretende modificar.


[1] Le Monde en question, ARC, París, 1967.

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La Urpila http://museosvivos.educ.ar/?p=1095 http://museosvivos.educ.ar/?p=1095#comments Thu, 15 Jul 2010 15:36:06 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1095 La imagen de esta niña del Norte argentino refleja la convicción de Ramón Gómez Cornet (1898-1964) de plasmar lo propio con sentido universal. La mirada profunda y sensible del personaje crea una empatía con el contemplador, que se conmueve por la imagen de la Urpila, descalza, en un ambiente pobre, y que cuenta con la sola compañía del perro. De un poste cuelga una bolsa con choclos, que tal vez ella misma recogió, y una vasija de cerámica –en primer plano– equilibra la composición y da cuenta del trabajo artesanal. El ámbito reproduce una vivienda pobre del interior que, sin embargo, manifiesta un entorno de humildad bien distinto del de la pobreza urbana que Berni mostrará a través de su personaje Juanito Laguna, a partir de 1959.

Gómez Cornet se interesa principalmente por los chicos, que muestra desde una perspectiva sensible. La austeridad general, de marcada síntesis formal, contrasta con el tratamiento naturalista de los ojos, que dan una sensación de tristeza e introspección al personaje, que conmueve por este profundo sentido humanista.

Ramón Gómez Cornet, cónsul y docente universitario en Cuyo, organizó en Santiago del Estero, su provincia natal, la Academia y el Museo Provincial de Bellas Artes, que hoy lleva su nombre. Sus vivencias personales fueron fuente de su obra artística, aunque en las condiciones que él mismo expresó: “[…] después de decantar mi emoción y templar la sensibilidad, para darle expresión plástica, sin que los motivos que he extraído del paisaje o del hombre de las regiones del Norte caigan en lo descriptivo, en lo anecdótico, o en lo folklórico. Esto último es el pecado de algunos pintores americanos que, tocados por la corteza de las cosas, se han dejado cautivar por el canto de sirena del éxito del mercado. De esa pintura que se vende. En realidad esa mise en scène con que presentan a nuestro hombre, da como resultado una pintura para turistas, sin que la expresión nuestra aflore con autenticidad.”

El formato de la obra que se muestra en esta pantalla no es el original ya que ha sido modificado por necesidades de diseño.

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Elevadores a pleno sol http://museosvivos.educ.ar/?p=1091 http://museosvivos.educ.ar/?p=1091#comments Thu, 15 Jul 2010 15:31:46 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1091 Benito Quinquela Martín (1890-1977) nos muestra en Elevadores a pleno sol el momento de la descarga de cajas desde los barcos recién llegados. La escena principal se destaca entre el paisaje urbano, que se ve detrás: la ciudad con altos edificios y las fábricas en plena producción que acompañan el trabajo de los hombres se muestra como una expresión de deseo, como una aspiración al progreso del barrio.

Quinquela no busca retratar y no le interesan los detalles, solo el gesto de las espaldas curvadas y rostros mostrados con imprecisión intencional ,que destacan el esfuerzo. Es el empaste el que acompaña la espátula o el pincel del pintor. Es el gesto de la mano del artista el que se evidencia con el uso de pinceles anchos y espátula. Es el trazo enérgico el que se hace presente en la vibración del agua. Una fuerte diagonal hacia la derecha permite ubicar los elevadores y más construcciones y hombres trabajando. Los colores altamente saturados tiñen la composición otorgándole una luz particular.

“A todo hombre que sueña le falta un tornillo”, decía el artista que instituyó, junto a su amigo el ceramista Lucio Rodríguez, lo que se convirtió en la famosa Orden del Tornillo, con la cual fueron homenajeadas 322 personas entre 1948 y 1977. Entre ellos había escritores, diplomáticos, artistas, universitarios, ministros y hasta príncipes: recibir esa distinción era ser considerado como un “loco” honorífico, un soñador eterno, un genio amante de la magia de la vida. La ceremonia de entrega incluía un festejo donde se servían -¡qué otra cosa!- tallarines de colores.

El formato de la obra que se muestra en esta pantalla no es el original ya que ha sido modificado por necesidades de diseño.

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El conventillo http://museosvivos.educ.ar/?p=1087 http://museosvivos.educ.ar/?p=1087#comments Thu, 15 Jul 2010 15:28:21 +0000 cviturro http://museosvivos.educ.ar/?p=1087 Esta litografía pertenece a la serie El conventillo, en la que Guillermo Facio Hebequer (1889-1935) da cuenta de la miserabilidad de los personajes oprimidos que habitan el ámbito urbano de las primeras décadas del siglo XX. El conventillo era una casa de inquilinato pobre donde, en torno a un patio central, se disponían los cuartos habitados por individuos solos o por familias. Los servicios y espacios compartidos llevaban a una vida comunitaria que aunaba costumbres y lenguajes diferentes, propios del fenómeno inmigratorio. Este tipo de viviendas y el modo particular de vida que generaba fue motivo de inspiración para poetas, músicos y artistas.

En la litografía citada, también denominada El velorio, el fuerte contraste de luz y sombra crea un entorno dramático para los gestos apesadumbrados y elocuentes de las mujeres que se distribuyen en la escena. La figura de la izquierda, sentada de perfil a contraluz, marca un negro profundo, y el haz de luz en diagonal destaca el misterio del paso de la muerte. Tanto el tema como la elección de la técnica evidencian la intención del artista, líder del Grupo de los Cinco, también denominado Artistas del Pueblo, conformado por José Arato, Adolfo Bellocq, Agustín Riganelli y Abraham Vigo. Estos artistas plantean un fuerte compromiso con su tiempo y se declaran a favor de un arte para la revolución. Provenientes de familias humildes y criados en barrios obreros, se conocen al frecuentar las clases del anexo sur de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, en el barrio porteño de Barracas.

Es el entorno el que aporta los personajes y ambientes propios de sus obras, que a su vez constituyen el público al que pretenden dirigirse. La técnica del grabado posibilita la difusión de las imágenes, al permitir la impresión de múltiples originales.

Facio Hebequer realizó ilustraciones para numerosas publicaciones periódicas, como Bandera Proletaria, Mundo Nuevo, Bandera Roja y Contra, entre otras, y para el libro Malditos (1924), de Elías Castelnuovo: en ellas la imagen se convierte en un elemento clave de la prédica política que acompaña y refuerza la ideología de los textos. Texto e imagen se unen para justificar la misión social del arte como agente de transformación.

Facio Hebequer también publicó críticas de arte en Claridad, La Vanguardia, Izquierda y otras publicaciones. Sus inicios como grabador se remontan a 1911, cuando asiste a las clases de aguafuerte dictadas por Pío Collivadino en la Academia de Bellas Artes. A partir de 1930, por problemas en la vista, reemplaza esta técnica de trabajo por la litografía, dibujando con lápiz litográfico sobre piedra.

Hacia 1914, en virtud de la organización del Salón de los Recusados, un gesto de protesta contra el hermetismo de la postura oficial de los Salones Nacionales, Facio Hebequer comenta en un reportaje publicado en 1935 por el diario Crítica: “Nuestros motivos eran de carácter popular. El arrabal y su gente, vistos con un sentido socialmente revolucionario, cosa que desentonaba terriblemente con la pintura ‘oficial’ pacata, relamida y circunspecta…”.[1]


[1] Muñoz, Miguel Ángel, Los artistas del Pueblo, 1920-1930, catálogo exposición Fundación OSDE, 2008, p. 13. Pintores Argentinos del Siglo XX Nº 6, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina , pág. 4.

El formato de la obra que se muestra en esta pantalla no es el original ya que ha sido modificado por necesidades de diseño.

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